JULIO MONSALVE Espacio Habitado

 

Sobre el lienzo blanco empieza la partida, aquí todo se juega, todo se resuelve, todo se gana, todo se pierde. Sin embargo, es el espectador quien tira los dados de su visión, su sentido del riesgo, pues en el arte, desde su milenario comienzo, el trazo, la búsqueda la emprende el artista que todo lo pone en juego y es el observador, el paseante, el habitante, quien experimenta el riesgo, asume el vértigo, construye el sentido. El arte de todos los tiempos entraña ese juego, lo hace visible como música inaudible, ritmo propio de quien crea y oído atento de quien escucha o vela; el arte es siempre silencio que se rompe, forma que emerge, línea, ritmo, sonido o forma que rasga el aire, el espacio, la bóveda o el muro.

El arte, en cada comienzo, en cada experiencia, concentra la aventura humana y la expone con honestidad y frescura. Sobre los muros, una exploración profunda en el negro de todos los matices, en el cruce del vigor de los trazos que ponen la fuerza al servicio de un relato que en cada nueva mirada se construye.

Eufrasio Guzmán Mesa

Filósofo y escritor

Foto: Pablo Andrés Monsalve

En la obra de Julio Monsalve se unen la sensibilidad, la observación, la investigación y el ejercicio de la libertad, aspectos que hacen parte de su ser de artista.  
 
En sus lienzos de formas abstractas hay una singular profundidad que consigue gracias a la mezcla de las más diversas tonalidades, con marcado acento del negro y el blanco. La expresividad que se evidencia en cada pieza invita al espectador a ser parte de ella, como uno más de ese Espacio habitado. Las gruesas pinceladas, el detalle de una línea, la sorpresa en las variaciones de los colores, los claro-oscuros, sorprenden al observador que no puede dejar de sumergirse en estas telas.
 
Decía el crítico Luis Fernando Valencia que: “Lo que logra Julio Monsalve es un cuerpo plástico indeterminado y vacilante, que tiene su virtud precisamente en estos aspectos que para otros trabajos serían defectos. La tensión no está basada en un equilibrio que se logra, sino en un desequilibrio que se impone sin reticencias. El componente narrativo queda reemplazado por un vibrante entramado cromático de un movimiento fulgurante. La fuerza interna de la obra no queda estacionada en una distribución estática, sino que se lanza hacia el espectador que inicialmente la recibe con cautela, pero va descubriendo la libertad y poder visual que la obra trasmite”. Y agregaba que: “Julio Monsalve tiene una trayectoria que siempre ha permanecido fiel a un lenguaje abstracto, no se va por el camino trillado de lo sabido, y en cada obra deja ver la batalla campal que ha librado. Señalo, sin ninguna duda, la obra de Monsalve como un hito en el arte colombiano con una gran proyección en la corriente internacional”.

Taller de Julio Monsalve, ubicado en el Carmen de Viboral, Antioquia.

El trabajo de Monsalve ha evolucionado, de lo figurativo pasó a lo abstracto, en el que se siente más libre y expresa todo lo que siente y vive en la actualidad. Sin embargo, sus inicios fueron en el arte figurativo. 

Para él, lo abstracto es otra salida y aunque falta mayor cultura frente a este, cree que va por un buen camino y prueba de eso es escuchar comentarios como “no lo entiendo pero me gusta”. Asegura que para disfrutarlo hay que aprender a apreciar los colores y los trazos y dejarse llevar por la sensación porque el arte es “liberador, es relajante y hasta ayuda a hacer catarsis”.

De ‘Espacialidad libre’, y sus demás trabajos abstractos, resalta que son “muy musicales”. En lo personal, le encanta la música, por eso, en cada pintura encuentra un ritmo, unos silencios y una melodía que van guiando sus trazos. No es que de fondo haya música, “la música la lleva uno. Uno está buscando el ritmo y el compás que le quiere dar a su obra, cuando pinto escucho muchas cosas: pajaritos, un radio, un teléfono… todo se va conjugando en la pintura”.

Monsalve es feliz haciendo lo que hace. En sus pinturas reúne lo espontáneo, lo gestual y lo impulsivo, todo lo que el espectador ve en el cuadro sale de su corazón.

Extraído de: www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-15409917